Venezuela, un continente a la espera
Guest article by Fernando Harto de Vera
Hoy se celebran en Venezuela las primeras elecciones después de la desaparición de Hugo Chávez. Tras una campaña electoral de apenas diez días las encuestas señalan que la incertidumbre de los resultados se limita a conocer por cuanto ganará Nicolas Maduro a Henrique Capriles.
La imagen que Maduro ha construído durante la campaña ha estado, como no podía ser de otro modo, fuertemente influenciada por la figura de Chávez. En sus intervenciones públicas, ha dado la impresión de copiar el estilo del comandante. Episodios como la anécdota del pajarito, la interpretación del rap y la gruesas descalificaciones dirigidas a Capriles, recuerdan inevitablemente las formas del extinto comandante. Hasta que punto esta estrategia de campaña se debe a una intención consciente para aprovechar al máximo el legado simbólico de Chávez o a una incapacidad para encontrar un estilo propio, es una incógnita que sólo el ejercicio del poder en el futuro nos desvelará.
La sorpresa ha venido desde el lado de Capriles. En las pasadas elecciones de octubre, el perfil del candidato opositor se mantuvo dentro de un discurso sosegado proyectando una imagen de moderación y sin descender al cuerpo a cuerpo con su oponente. Por el contrario, en esta ocasión ha cultivado una imagen histriónica, con la utilización de un lenguaje agresivo, muy alejada del perfil moderado y casi tecnocrático de sus primeros comicios. ¿Cuáles son las razones de este cambio? En las elecciones de octubre, es posible que la enfermedad de Chávez llevara a sus asesores a desaconsejar una estrategia de beligerancia que podría haber transmitido al electorado la imagen de persona despiadada y sin capacidad de empatía ante el sufrimiento y la enfermedad. O también es posible que la arrolladora personalidad de Chávez y su habilidad para la pelea en las distancias cortas operara como un factor disuasorio. Sea como fuere lo cierto es que el cambio de estrategia no ha reportado beneficios al candidato opositor.
Así las cosas es interesante explorar como recibirá América Latina el relevo en la presidencia de Venezuela. En 2013 habrá elecciones presidenciales en Paraguay, Honduras y Chile mientras que en el 2014 se celebrarán en El Salvador, Costa Rica, Panamá, Colombia, Brasil, Uruguay y Bolivia. En Paraguay la división del centro izquierda deja una escenario en el que el previsible triunfo del candidato del conservador Partido Colorado, Horacio Cartes, no recibirá a Maduro con simpatía. Mejor escenario se presenta en el caso de Honduras y Chile puesto que las encuestas dan como posibles vencedores a los candidatos progresistas Xiomara Castro y Michelle Bachelet, respectivamente. Especialmente interesante para Venezuela es la posibilidad de que la esposa del derrocado Manuel Zelaya, quien tuvo unas magníficas relaciones con Chávez, se alze con el triunfo.
En cuanto a las elecciones que tendrán lugar el próximo año, su lejanía hace que se imponga la cautela en el análisis. No obstante, las previsiones son de continuidad en la orientación política de estos países con lo que el entorno latinoamericano continúa con gobiernos mayoritariamiente de centro izquierda, escenario éste que augura una buena recepción de la eventual victoria de Nicolás Maduro.
En este escenario las relaciones de Venezuela con el resto de los países latinoamericanos es previsible que estén caracterizadas durante los próximos años por la continuidad y la profundización en los procesos que se han puesto en marcha durante estos catorce años de proyecto bolivariano. Así lo expresaba el jefe del Comando Sur de Estados Unidos en unas recientes declaraciones ante el Congreso de Whasington. Conviene tener presente que Maduro ocupó el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores entre el año 2006 y comienzos del presente. Así pues se trata de alguien que cuenta con una amplia experiencia en el escenario regional latinoamericano.
Uno de los ejes de proyección de Venezuela va a ser sin duda el Mercosur tras su aceptación como socio pleno en 2012. La profundización de las relaciones con esta iniciativa de integración incluye un gran proyecto como es la construcción de un gasoducto que atravesaría América Latina desde el Caribe hasta el Río de la Plata en donde participarían los países del Mercosur y Bolivia. El segundo eje de la política hacia América Latina tendrá que ver con el desarrollo y consolidación del ALBA. En este sentido, la continuidad de los gobiernos progresistas en los países que forman parte de este acuerdo garantiza la estabilidad. El tercer y último eje lo constituye el acuerdo Petrocaribe firmado con 16 países (14 caribeños más Guatemala y Nicaragua) a los que cabe la posibilidad de que se vuelva a sumar Honduras en caso de triunfo electoral de Xiomara Castro.
Ahora bien, este halagüeño panorama depende de que los precios del crudo, el motor que ha financiado la proyección latinoamericana de Venezuela, se sigan manteniendo al alza. Y de acuerdo con las proyecciones de la OPEP pareciera que al menos en el corto plazo las perspectivas son de un crecimiento. Todo hace indicar que los comienzos del mandato del próximo presidente venezolano auguran un escenario positivo en las relaciones exteriores con la región latinoamericana.
Aceptación como socio pleno de Mercosur en 2012
Su gran proyecto gasífero incluye el gran Gasoducto del Sur, que plantea la construcción de un gasoducto desde el Caribe hasta el Río de la Plata, donde participarían los países del Mercosur y Bolivia, en principio.
Fernando Harto de Vera, profesor de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid











