Guest essay by Manfred Grautoff.
Respuesta al Escritor William Ospina
William Ospina está en la orilla opuesta a los argumentos que han permitido que las naciones se desarrollen; con sorpresa leí la defensa estoica que realiza del legado de Hugo Chávez, y después de recorrer varios de estos escritos concluyo que un intelectual de esta dimensión no se le podría tildar de ignorante porque tengo la certeza que ha estudiado económica política.
El alumno destacado del Profesor de la Universidad del Valle Estanislao Zuleta posee una prosa fluida, estética y poética que emplea para adentrarse en la literatura. Admiro su pluma, en especial la narración histórica de los tiempos de la conquista española, que son una mezcla entre el realismo mágico y los versos de Pablo Neruda. Este intelectual de las letras ha optado por defender causas que bajo un manto de equidad social camuflan el totalitarismo soterrado exaltando el odio señalando a una clase social como la causante de los problemas de una sociedad; así las conspiraciones resultan atractivas para explicar la mala distribución del ingreso, y esta exacerbación de las pasiones es contraproducente y peligrosa porque engendra el odio que termina por desatar explosiones de violencia.
El citado escritor miente y emplea su estupenda prosa para engañar a sus lectores, por lo que voy a señalar los puntos que son distorsionados de forma estética por el citado literato. En primer término dice que existen más pobres que ricos en América Latina, algo que es evidente pero que debe compararse con el proceso histórico de la humanidad; en la actualidad esa relación es cierta, pero no solo para este lado del planeta sino a nivel global a causa de la escases de recursos y a la ausencia tecnológica que no permite superar esa brecha de forma definitiva. De igual forma desconoce que ese margen se ha reducido desde la aparición de la economía de mercado en el siglo XVIII. Habría que apreciar la relación entre ricos y pobres; antes de la era industrial la pobreza era casi del 90%, la desnutrición infantil era la constante y la esperanza de vida bordeaba entre 35 a 40 años. Esta era la realidad de los bucólicos escenarios que tanto anhela revivir William Ospina; personalmente no desearía que un ser humano retornara a vivir en una época colmada de carencias a nivel generalizado.
De acuerdo a William Ospina, Hugo Chávez logró derrotar la pobreza con base al concepto de justicia redistributiva, quitándole al rico para entregárselo al pobre; efectivamente el movimiento Bolivariano Venezolano mejoró los resultados del Índice Gini que mide la distribución del ingreso que pasó de 50% a 39%, ubicando al país como uno de los mejores a nivel internacional con respecto al cumplimiento de los objetivos del milenio de Naciones Unidas para la superación de la pobreza. Pero una cifra no se debe tomar en términos absolutos; se debe desagregar. Esta palabra lesiona la prosa, pero es un procedimiento que permite contemplar una realidad en términos diáfanos. El Índice Gini por estratos socioeconómicos muestra caídas grandes en la concentración del ingreso entre el cuarto al quinto quintil de la población y mejoras marginales en la población de menores ingresos que se ubica en los tres primeros quintiles; dos cuestiones surgen: por qué no se nivela la población marginada venezolana con la población privilegiada; y segundo, esa disminución de la concentración de la riqueza a dónde fue a parar, ya que la evidencia empírica indica que no llegó a los desposeídos de Venezuela.
Durante el siglo XIX un abogado con conocimiento en estadística estudió los fenómenos de la distribución de los recursos; su nombre era Francis Edgeworth, y descubrió que el intercambio de bienes y servicios que depende de las preferencias individuales termina por mejorar a toda la sociedad. La Venezuela Bolivariana que dirigió Hugo Chávez redistribuyó el ingreso pero sin aumentar los recursos de toda la sociedad; esto lleva a un círculo de intercambios donde los pobres de hoy serán los ricos del futuro. Este ciclo, bajo esas condiciones, es infinito, fenómeno que en Venezuela se puede denominar “Boliburguesia”, clase privilegiada del régimen bolivariano que nace como fruto de las concesiones del Estado benefactor y del proceso de corrupción burocrático.
William Ospina debería revisar el concepto de justicia Ralwasiana que formula que un planificador tiene un velo de incertidumbre y como no sabe cómo será el futuro, entonces debe garantizar que cualquier persona tenga acceso a un determinado nivel de bienestar, sin importar si es rico o pobre; es decir debe librarse de juicios de valor y garantizar el acceso a los bienes públicos que la sociedad considere fundamentales. En Venezuela las contradicciones se agudizaron a tal punto que la mitad de la Nación considera que la otra mitad no tiene derecho a acceder a bienes públicos y debe desaparecer no por concepto racial o religioso sino por un criterio de pertenencia a una clase socioeconómica; este es el imperativo de una doctrina que en el siglo XX condujo al genocidio de una Nación y que necesita la figura del caudillo como representación del clamor nacional elevado al grado de ídolo que termina por sustituir al propio Estado: ese modelo político se llama fascismo y su encarnación en América Latina fue la figura caudillista de Hugo Chávez al igual que lo fuera Juan Domingo Perón en Argentina; así la política pública brilla por su ausencia y la tecnocracia es perseguida por la dirigencia venezolana, y todo aquel que cuestione la autoridad del líder es enemigo de la patria y hace parte de la burguesía opresora.
Igualmente William Ospina considera que Hugo Chávez es un pensador económico que debe estar al lado de Adam Smith. Para defender su tesis argumenta que el lenguaje que emplean los economistas es el culpable del bajo desarrollo económico de los países de América Latina, mientras Hugo Chávez sabía transmitir de forma simple a los ciudadanos los problemas económicos de la Nación, contrario a los economistas que emplean una jerga digna de una orden secreta que tiene por objetivo excluir y aplastar a las personas. El argumento equivale a culpar a los médicos de causar las enfermedades por emplear términos como ADN mitocondrial o betabloquedores.
El léxico económico ha nacido de la construcción de una ciencia; si de algo son culpables los investigadores económicos es de no tener creatividad o no ser poetas. En cambio el sencillo hombre que daba lecciones de economía en sus creativos y divertidos discursos tomó medidas económicas que produjeron la contracción en la oferta de crudo que pasó de 6 millones a 2 millones de barriles, de la misma forma que el sector industrial se contrajo a 0.3 empresas por cada mil habitantes mientras que en Colombia esta medida es de 1.2 firmas por mil habitantes; situación que explica el desabastecimiento de carne, leche, huevos, trigo, arroz, así como de bienes higiénicos indispensables para la salud humana y los cortes de energía eléctrica rutinarios. Tiene razón William Ospina en que los argumentos simples que explican la relación efecto causa de un fenómeno económico permiten solucionar problemas estructurales de una sociedad; por ejemplo Gary Becker es un economista que afirmó y comprobó que los incentivos explican el nivel de criminalidad de una sociedad; concepto que sería muy útil para Venezuela que a partir del momento que llegó Hugo Chávez al poder en 1999 pasó de ser uno de los países con menores índices delictivos del subcontinente a convertirse en 2012 en uno de los países más inseguros del mundo.
Pero si la situación en el campo interno se deterioró de forma notable, a nivel geopolítico Hugo Chávez desplegó su retórica que le sirvió para realizar alianzas con regímenes que no tienen compasión al momento de reprimir a sus habitantes; de esta forma legitimó al Presidente de Siria Bashar Al Assad quien emplea al Ejército para asesinar a sus compatriotas y mantenerse en el poder; igual comportamiento tuvo con el otrora Coronel Muamar Gadafi, un tirano que torturó y asesinó al pueblo libio, y a esa lista de sátrapas se une el Presidente de Irán Mahmud Ahmadineyad, un hombre que en 2008 no tuvo recato para ordenar disparar a los manifestantes en las calles de Teherán porque reclamaban la falta de transparencia en un proceso electoral que lo ratificaba para un segundo periodo presidencial. Estas alianzas tenían como objetivo reducir las cuotas del cartel internacional de petróleo y de esta forma aumentar el precio del crudo para compensar el deterioro productivo de la empresa estatal de petróleos de Venezuela (PDVSA). Las victimas de Oriente Medio son en parte responsabilidad de una pésima política petrolera del movimiento Bolivariano, que por sostener de forma artificial un precio legítimo a los peores violadores de derechos humano del mundo.
A nivel regional Venezuela se convirtió en paraíso del terrorismo internacional y del crimen organizado; ahí encuentran asiento terroristas de Hezbollath, Hamas, Farc y Eta. A Venezuela migraron los narcotraficantes del Cartel del Norte del Valle, del desvertebrado Cartel de Medellín. Todas estas estructuras delincuenciales hicieron un conglomerado del crimen aliándose con un sector del alto mando de las Fuerzas Militares Venezolanas y así este país pasó a ser el epicentro de las rutas de envío drogas ilícitas tal como lo revelan los reportes académicos de la Oficina de Naciones Unidas para la Droga y el Delito (UNOCD). Hugo Chávez no condujo a Venezuela a la libertad, un país donde los habitantes son silenciados violentamente por grupos criminales al servicio del régimen Bolivariano por el hecho de pensar distinto, donde la zozobra de ser victimizado es una realidad latente y donde los medios de comunicación contradictores del gobierno son hostigados y clausurados por el Gobierno; no se le puede llamar un Estado Libertario. El carismático líder venezolano empleó de forma sistemática la violencia verbal. Financió las llamadas milicias bolivarianas que no es otra cosa que población civil sin preparación que posee armas de corto y mediano alcance, lo que acarreó que las cifras de violencia alcancen los peores niveles desde que Venezuela es una República.
Hugo Chávez era un dictador sectario que asumía que quien no estaba con él era un enemigo de la patria, lo que condujo a radicalizar la revolución bolivariana; por medio de su retórica maltrataba a sus contradictores con descalificativos y términos soeces. Ese léxico llevó a fomentar la violencia, y maltrató al líder de la oposición llamándolo “cochino” por tener orígenes judíos. Realmente cree William Opina que el ideario político de Hugo Chávez es el camino para combatir la pobreza y la violencia. Los resultados están a la vista, Venezuela es un país colapsado producto no de una conspiración internacional porque bajo la época que gobernó Hugo Chávez el precio de barril de petróleo alcanzó su máximo histórico.
La herencia política es un país al borde del cataclismo social, el sonriente llanero falleció rodeado de una camarilla de hampones que ahora luchan como buitres sobre el cadáver del líder, repartiéndose la riqueza de los venezolanos, mientras Cuba con apetitos coloniales espera consolidar su poder dentro de la resquebrajada institucionalidad venezolana. El socialismo del siglo XXI no es la fase superior del capitalismo; es populismo fascista disfrazado de izquierda que con cantos de sirena exalta las pasiones, embauca incautos afirmando que la solución a los problemas de la desigualdad y exclusión social se encuentran en el voluntarismo de Nietzsche que afirma que el valor supremo del súper-hombre elevado a la categoría de héroe es todo lo que se necesita para cambiar las condiciones de la sociedad. Estimado William Ospina, quiero creer que usted es incauto y no alguien que manipula la opinión con ese extraordinario don de la escritura que le otorgó el ETERNO.
Manfred Grautoff es un consultor político, académico y economista. Es panelista de la televisión colombiana.
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