Guest article by Jerónimo Ríos Sierra
La victoria de Nicolás Maduro no puede tan fácilmente interpretarse como una victoria del chavismo. Ésta, por poco más de 200.000 votos, debe ser interpretada en otros términos. Si hace tan sólo unos meses atrás Chávez se imponía en las presidenciales con una clara diferencia así como en los comicios regionales, ¿qué ha sucedido para que una diferencia próxima a los diez puntos porcentuales y 1.600.000 votos haya quedado en nada?
Sorprende sobremanera la falta de juicio crítico dentro de quienes apoyaron a Maduro para entrar a valorar la relevancia de la sangría de votos experimentada por el oficialismo. Lo cierto es que entre Maduro y Capriles han logrado poner al proyecto bolivariano en una tesitura difícil, que requiere de una redefinición en su agenda para responder a problemáticas irresolutas, desatendidas, como la inseguridad, la corrupción, los problemas económicos del país y donde lo más urgente pasa por encontrar vías de recomposición de un tejido político y social claramente fragmentado.
Del lado de Maduro cabe destacar una pésima campaña electoral donde las alegorías simbólicas a Chávez y lo ultramundano, necesarias, no han sido ni mucho menos las acertadas. Aparte de la ausencia del liderazgo carismático del comandante, Maduro no ha aportado nada de interés en su proyecto de Estado. Un proyecto que ante los renovados argumentos de la oposición hubiera requerido de nuevos horizontes y posibilidades ante las necesidades que, más allá de la sanidad, la educación y las políticas alimentarias, reivindica la sociedad venezolana.
Por su parte, Capriles ha enfatizado en la necesidad de continuar con las conquistas sociales del chavismo sin que ello sea óbice de un modelo de Estado donde el trinomio que éste representa junto con Mercado y Sociedad Civil no queden tan sesgado como en el arquetipo socialista del siglo XXI. Asimismo ha mostrado una actitud mucho más combativa dialécticamente y mucho más constructiva sobre ciertos aspectos que con Chávez eran monopolio exclusivo de la narrativa bolivariana.
Todo ello ha tenido como consecuencia una disputa política y electoral muy diferente a la acontecida hace unos meses. Ahora la oposición no es tan irrelevante como entonces ni el oficialismo tan férreo. Sin embargo, algo sigue constante y es la instrumentalización, por uno y otro lado de enfrentar a la sociedad venezolana en pos de obtener rédito político y electoral y sobre la base de una retórica “amigo-enemigo” que no contribuye a otra cosa que a promover un encono, una polarización y una confrontación social que sólo tienen un perdedor: Venezuela.
Jerónimo Ríos Sierra es investigador en ciencias políticas y sociología de la Universidad Complutense de Madrid (@Jeronimo_Rios)
Photo AFP
Kevin Howlett
Kevin is a political consultant and lobbyist who cut his teeth working in the UK Parliament. He is a regular panelist on Colombian television, a political communication strategist and a university lecturer. Kevin is the founder and editor of Colombia Politics.











